jueves, 11 de agosto de 2016

Hidratación en el ejercicio y sus implicancias en el rendimiento y la salud

Se sabe a ciencia cierta que el 60% del peso corporal de una persona está constituido por agua y que este es un nutriente esencial ya que el cuerpo no puede generarlo en las cantidades que necesita.


Los requerimientos de agua varían en función del peso del individuo, de la edad (los niños y los ancianos tienen menor agua corporal total, por lo que se convierten en una población de riesgo durante el ejercicio) y de los factores ambientales.

El agua tiene diversas funciones en el organismo entre las cuales podemos mencionar: controlar la temperatura corporal, permitir que los nutrientes puedan realizar sus funciones de manera correcta en la fisiología humana, regular la presión arterial para mejorar la función cardiovascular, retrasar la aparición de la fatiga en el ejercicio, transportar glóbulos rojos con oxígeno a los músculos y participar en la digestión y absorción de nutrientes.

La pérdida de tan solo el 1% del peso corporal de agua (en una persona que pese 80 kg serían tan sólo 800ml) constituye un estado de deshidratación.

En función del % de líquido perdido se presentan diferentes sintomatologías: con la pérdida del 2% del peso corporal se ve perjudicada la regulación de la temperatura y cae el rendimiento en el ejercicio entre un 10-20%, con el 4% se evidencia una limitación en la producción de fuerza y la aparición de calambres musculares y por encima del 6% se manifiestan las enfermedades por calor que son muy riesgosas para la salud del individuo (golpe de calor, shock hipovolémico, hipertermia).

En estaciones del año en las que las temperaturas no constituyen un riesgo extra para deshidratarse también tiene relevancia la ingesta de líquidos; en el consultorio los pacientes me dicen frases como “¡para que voy a tomar agua si no transpiro!”, “¡pero no tengo sed!”, “¡hace frío para tomar agua!”. 

Lamento informarles que la sed es un mecanismo de regulación del agua pero tardío, por lo que si tengo la boca seca ya estoy deshidratado.

Para evitar todas estas consecuencias y mejorar el rendimiento en el ejercicio y la recuperación posterior presento una serie de estrategias dietéticas a tener en cuenta:

Tener una botella en el bolso de entrenamiento para cargar con agua en el inicio de la actividad e intentar beberla en el transcurso de la rutina de ejercicio. Si el recipiente viene con pico vertedor mejor asi uno evita beber grandes volúmenes de una sola vez.

Si el centro de entrenamiento cuenta con una balanza resulta útil pesarse antes y después del ejercicio para calcular la pérdida de líquido. A ese resultado se le agrega la cantidad de agua consumida y así se sabe la cantidad exacta a consumir en la sesión. Por ejemplo, si un individuo pesa 100kg en el inicio y al finalizar el trabajo pesa 99,5 kg y tomó 500 cm3 de agua quiere decir que en una hora pierde 1 litro. Este constituye el volumen de líquido a tomar por entrenamiento.

Monitorear el color de la orina y el volumen de la misma para asegurarse una buena hidratación. Un color muy oscuro y en poca cantidad correlaciona con bajos niveles de agua corporal. Una orina de color claro o muy claro y con mucho volumen refleja una buena hidratación. Controlar esta variable fundamentalmente antes, durante y después del entrenamiento.

Si los esfuerzos son < a 70 minutos de duración, las condiciones climáticas no presentan alta temperatura y humedad y  las comidas previas al entrenamiento se realizan de manera adecuada, sólo tomando agua cubro las deficiencias (no es necesario tomar ninguna bebida deportiva y mucho menos bebidas azucaradas)

Certificar que en los lugares de entrenamiento cotidianos haya fuentes de agua segura al alcance (canillas en los lugares al aire libre, dispenser en los gimnasios o expendio de bebidas).


Tomar 6 a 8 vasos por día de agua segura agregada a la alimentación  resulta una medida sencilla de llevar a cabo en lo cotidiano y a la vez garantiza un aporte suficiente del nutriente en cuestión. Al iniciar el día, en el trabajo, mientras se realiza ejercicio, antes de las comidas y entre las mismas son algunos de los momentos en los cuales se puede efectivizar esta conducta.

Fuente: www.diariodemocracia.com

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