Los deportes de riesgo consisten en
actividades realizadas
en condiciones muy difíciles o extremas por especialistas con una adecuada
preparación física y técnica. Sin embargo, cada vez son más practicados por
inexpertos como simples pasatiempo o hobbie, lo que supone un peligro real para
la integridad física de quienes lo realizan.
Esta es precisamente la faceta más
atractiva de estos
deportes extremos, la
búsqueda de adrenalina ante situaciones que pueden
resultar mortales.
Para aliviar ese deseo de experimentar nuevas
emociones, se
han ido adaptando los tipos de actividades a los distintos deportistas y medios
en los que poder realizarlos: tierra, mar y aire. Son muchas las
especialidades
que han ido surgiendo para cubrir las necesidades impulsivas de quienes los
demandan.
Sobre tierra podemos encontrar ejercicios adecuados a cada
tipo de
medio: esquí fuera de pista o heliesquí, esquí con parapente o
snowkitting, skateboarding, espeleología, descenso de barrancos o cañones, escalada
libre, alpinismo, escalada en hielo e, incluso, el popular parkour. Por mar
existen algunos tan dispares como surf con tiburones,
practicado en Durban,
Sudáfrica, o en Australia; esquí acuático, kitesurf, kayak, buceo en cuevas y
rafting.
Y por aire encontramos: ala delta, paracaidismo desde un
punto base, un edificio o un avión, puenting, vuelo libre con alas o wingfly.
¿Por qué resultan tan
atractivos estos deportes a ojos de la
gente? Manuel Villanueva, traumatólogo, director médico de Avanfi y deportista,
responde a esta pregunta: “Detrás de ellos existe un gen que nos hace buscar
nuestros límites o una torpe necesidad de
diferenciarnos, de autoafirmación.
Por ello, la lista es infinita, pues la imaginación humana lo es y cada año
surge alguna variante nueva”.
¿Son aptos para todo el mundo?
Ahora bien, estos deportes no pueden ser practicados por
cualquier persona, ya que se necesitan unos requisitos técnicos y físicos y
años de entrenamiento en una
disciplina. Además de fuerza, resistencia y destreza.
Villanueva recalca la peligrosidad de estas
actividades incluso cumpliendo con
estas aptitudes.
“Hoy sabemos que el gen OPRL1 regula el miedo y el estrés
postraumático por lo que, científicamente podríamos explicar por qué unos
individuos tienen mayor
predisposición a la búsqueda de límites o parecen no
aprender de episodios traumáticos previos, mientras que otros serían propensos
a
desarrollar enfermedades psiquiátricas por cualquier episodio traumático”,
explica el experto.
Sin embargo, realizar estos
ejercicios extremos es aún más
arriesgado para aquellas personas que tienen sobrepeso, sufren una enfermedad
del corazón o problemas físicos de columna,
extremidades o con hipertensión,
debido a la gran descarga de adrenalina y tensión a la que te expones al
hacerlos.
Es por esto que cada variante de estos deportes viene guiada
por
profesionales que pueden aconsejar a los principiantes sobre la actividad
que más se ajusta a las necesidades y condiciones físicas de cada uno, dando
especial importancia a la edad. Esto se debe a que algunas
especialidades que
exigen control son casi exclusivas de gente muy joven.
Lo más frecuente entre las personas de edad media son los
deportes de ultrarresistencia, como las
carreras de ultrafondo, ultratrails,
kilómetro vertical, triatlón, las travesías, ironman o ultraman, entre
otros.
Los
beneficios que reciben quienes se atreven a practicarlos
“son de recompensa personal, hablamos de adrenalina, de elevación de
neurotransmisores, de
emoción al extremo, pero también de algo genético,
probablemente de gente con un punto de locura o de brillo”, comenta Villanueva.
Peligros en los deportes extremos
Todos los deportes extremos conllevan cierto riesgo e,
incluso, pueden propiciar accidentes, mortales o no. El boxeo, la escalada
libre y el alpinismo están entre los diez deportes de riesgo más peligrosos.
Los porcentajes de mortalidad sobre cada una de las
disciplinas denotan su
nivel de peligrosidad.
Villanueva destaca algunas de ellas:
Deportes de riesgo en aire: el ala delta cifra una muerte
cada 550 vuelos; el
salto base, una muerte cada 2.300 saltos, lo que
representan 200 personas en los últimos 30 años y el paracaidismo causa una
muerte cada 75.000 saltos. “La escalada libre o integral tiene una tasa de una
muerte cada 27.000 ascensos”, apunta el
experto.
Deportes de riesgo en agua: el rafting en aguas blancas con
rápidos de grado 5 o superior es una de las
prácticas con mayores tasas de
mortalidad, según señala el
experto.
El surf y kitesurf llevado a
condiciones extremas de viento
o tormenta
alcanza porcentajes mayores de mortalidad, al igual que el buceo en
cuevas.
Deportes de riesgo en tierra: en palabras del experto, las
montañas suponen el mayor peligro de entre todos los demás
entornos para los
deportes extremos. “De cada 6 intentos de escalar el Everest una
persona
fallece por hipotermia, edema de pulmón, ceguera por quemaduras corneales,
congelación o neumonía”, añade.
No es el único, ya que la
cima de la montaña Annapurna, el
primer ochomil, tiene una mortalidad de casi el 40 por ciento, es decir, por
cada dos ascensiones se produce una muerte.
Estas cifras no solo abarcan a
deportistas principiantes, ya
que los expedicionarios de Nepal, denominados himalayistas, se calcula que
presenten una muerte de cada 170 subidas. En definitiva, las tasas de muerte en
deportes de montaña son de una de cada 1.750, es decir, que cada año mueren en
la alta montaña más de 40 personas.
Superan la mortalidad por accidentes de
tráfico.
Además del riesgo de perder la vida, estas
actividades
pueden provocar lesiones físicas, como en el caso de la surfista
profesional
Bethany Hamilton, que perdió un brazo por una mordedura de tiburón y del
alpinista Juan Oiarzabal, que sufrió la ampitación de todos los dedos de los
pies.
“Muchos de los riesgos vienen por la altitud del lugar y las
condiciones extremas. La disminución de oxígeno, debido a la menor altitud,
puede ser el mayor problema al que tiene que enfrentarse el organismo, pero el
frío u otras circunstancias pueden dañar la resistencia del más fuerte y
experimentado”, explica el experto.
Son muchas las secuelas que resultan tras realizar deportes
de riesgo sin la
preparación exigida, desde arritmias, síncopes o enfermedades
cardiovasculares, hasta la muerte súbita.
Para poder evitarlas, se recomienda el
progreso gradual en
el deporte de la mano de profesionales.
“Esto podría darnos una
oportunidad de
encontrar nuestro límite o un
equilibrio entre la necesidad de desafíos,
adrenalina y las restricciones que nos marque nuestra condición física”,
concluye Villanueva.
Fuente: www.dmedicina.com