lunes, 4 de julio de 2016

Cómo dejar de ser inerte

La actividad física es de comprobada efectividad para mejorar la salud músculos, huesos, corazón y cerebro, prevenir enfermedades crónicas y combatir hábitos poco saludables como tomarse selfies cada media hora, reenviar chistes subidos de tono por WhatsApp, iniciar polémicas por Twitter o ver programas de cocina (*).


Sin embargo, muchos iniciáticos advierten azorados que llevar a cabo una rutina física por más simple que sea, implica entrar en movimiento y mantenerse en ese estado con relativa intensidad durante algún tiempo (es la base de la cuestión), por lo que abandonan inmediatamente antes de comenzarla.
“Es como el fumador que desea fervientemente cortar con el hábito, pero que desiste apenas advierte que esto implica dejar de fumar”, señala el célebre conductista argentino Chano Charpentier.
Para que no se frustre este paso inicial decisivo que puede convertir a un ser fijo e inanimado en otro móvil y dinámico, es fundamental el gradualismo, explican los especialistas. “Todo el mundo sabe que para atravesar un portal hacia otra dimensión, primero hay que empezar con un pie, luego la pierna y así sucesivamente hasta que todo el cuerpo lo hace”, grafican.
De la misma forma, cualquier persona que quiera empezar a trotar, pedalear o saltar en garrocha por ejemplo, debe empezar de a poco. Los pasos recomendados son:
1) Comprar calzado y ropas deportivas de vivos colores (que permitan agilidad de desplazamientos y den una imagen atlética), y comenzar a usarlas para tareas domésticas o barriales como ir a la verdulería, la ferretería, la panadería, etcétera. Es la etapa de adaptación para el nuevo rol social del individuo. Duración: dos semanas.
2) Comenzar a frecuentar lugares donde la gente se camina, trota, etcétera, como parques y plazas, pero en actitud contemplativa. Esto implica llegar y sentarse en un banco durante dos horas como mínimo (siempre ataviado con la ropa deportiva flamante) a ver como todo el mundo evoluciona a distintas velocidades alrededor. Duración: tres semanas.
3) Comenzar a combinar la actitud contemplativa, con la primera actividad estrictamente atlética: la elongación. Luego de dos horas de mirar como todo el mundo se agita, levantarse y elongar meticulosamente piernas, gemelos, brazos, etcétera durante 20 minutos, como si hubieran sido sometidos a duras exigencias. El efecto psicológico es decisivo. Duración: tres semanas.
4) Finalmente, comenzar la actividad física propiamente dicha combinando cinco minutos de caminata con 20 de descanso en el banco de la contemplación. Duración: dos semanas.
De esta manera, y después de dos meses de gradualismo, un ser virtualmente inerte comienza a dar los primeros pasos hacia una cotidianeidad más meneada.
(*) Un estudio realizado por la Universidad de Princeton reveló que quienes vieron programas de cocina durante cuatro meses, engordaron un 38 por ciento más que quienes consumieron programas de chimentos, pese a que ambos grupos ingirieron la misma cantidad de calorías.

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